Los libros que todo abogado debe (arriesgarse a) leer

Library concept. University male student studying with books in library, Young student sitting in the library with books and reading, Schoolboy in the library. Library, teenager reading a book. librarian

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Nicolás Parra

Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Los Andes

@nicolasparrah

Siempre que empiezo un curso nuevo les digo a mis estudiantes que, como abogados, nunca deben perder el bosque por mirar el árbol. Esto no es otra cosa que invitarlos a ser abogados integrales, dialógicos e interdisciplinarios. Un abogado debe estar en una constante apertura con disciplinas como la literatura, la poesía, la filosofía, la economía, la música y la psicología, entre muchas otras. Por ello, en lugar de hacer una lista sobre lo que todo abogado debe leer, —lista que, dicho sea de paso, me siento incapaz de hacer, no sólo por su tono exhortativo, sino principalmente porque la experiencia de la lectura antes que un deber, es un riesgo­— prefiero hacer una lista sobre lo que todo abogado debe arriesgarse a leer. Y digo que es un riesgo porque hay libros que nos incomodan, nos hacen interrumpir lo que hacemos para preguntarnos —como un saxofonista en un concierto de jazz— si estamos en armonía con el mundo, con los otros y con nosotros mismos o si es necesario reformular la manera como estamos haciendo las cosas.

Los libros son un riesgo porque además de incomodarnos, lo cual no es otra cosa que sacarnos de la rutina, de lo propio y de los lugares que frecuentamos, nos presentan a calipsos, faustos, quijotes, aurelianos, pierres y raskólnikovs que nos sugieren que las cosas pueden ser distintas o que, incluso en ámbitos del saber como el Derecho, hemos sedimentado comprensiones y formas de pensar las cosas que no son necesarias o naturales, sino que pueden ser de otra manera. Los libros, como decía Borges, son la extensión de la memoria y de la imaginación, es decir, son extensiones de nuestro pasado y alucinaciones sobre lo que está por venir o quizás nunca venga.

Por lo anterior, prefiero sugerirles libros (no es una lista exhaustiva y, como todas las listas, es arbitraria) para arriesgarse a pensar el derecho desde otra mirada, para examinarnos en nuestro quehacer jurídico y hacernos las preguntas a las que un abogado nunca debe renunciar: ¿cuál es la relación del Derecho con el ser humano? y ¿cuál es el límite y la potencialidad del Derecho?

Sin más preámbulos, aquí va una lista que, con algunas excepciones, intenta hacerle justicia a la sugerencia de Kafka: “sólo debemos leer libros de los que muerden y pinchan. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo? (…) Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo”.

 

–          Guerra y Paz ­­

Lev Tolstoi

 

 

–          Crimen y Castigo

Fiodor Dostoyevksi

 

 

–          Eichmann en Jerusalén

Hannah Arendt

 

 

–          Pero hermoso (But beautiful)

Geoff Dyer (no es de Derecho ni sobre Derecho, pero el jazz puede enseñarle mucho a los abogados y además es un homenaje a uno de los visitantes a la FILBO)

 

 

–          Teoría de los Derechos Fundamentales

Robert Alexy

 

 

–          Cartas de Batalla

Hernando Valencia Villa

 

 

–          Pensar como un abogado

Frederick Schauer

 

 

–          Teoría Impura del Derecho

Diego E. López

 

 

–          El Pragmatismo ­

William James

 

 

–          El mercader de Venecia

William Shakespeare

 

 

–          Wittgenstein y la teoría del derecho

M. Narváez Mora

 

 

–          Fuerza de Ley

Jacques Derrida

 

 

–          El Caso Collini

Ferdinand von Schirach

 

 

–          Antígona

Sófocles

 

 

–          La senda del derecho

Oliver Wendell Holmes Jr.

 

 

–          La polémica Carl Schmitt y Hans Kelsen sobre la justicia constitucional

 

 

–          Ética Nicomáquea

Aristóteles

 

 

–          Cuentos completos

Franz Kafka

 

 

–          Tras la virtud

Alasdair MacIntyre

 

 

Y, por último, el más importante (para mí):

 

–          Apología de Sócrates

Platón